Navegando el Mamoré

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Luego de un descanso en Trinidad seguimos viaje hacia el norte navegando por el río Mamoré.

«Un descanso en Trinidad»

No fue fácil conseguir barco, tuvimos que ir varios días seguidos a Puerto Almacén hasta encontrar alguien que nos llevara. Puerto Almacén queda sobre un afluente del Mamoré a unos diez kilómetros al este de Trinidad y no es más que unas cuantas casas de madera junto a un río semi cubierto de camalotes.

Finalmente encontramos embarcación: el Santa María, un carguero de madera que, durante seis suaves días, empujaría dos balsas cargadas con medio millón de litros de gasolina hasta Guayaramerín, en la frontera con Brasil. Los caminos de tierra de la selva boliviana son impredecibles en épocas de lluvia y por eso los combustibles tienen que ser trasportados por ríos para garantizar el abastecimiento de los pueblos del norte.

Seis días.

Seis atardeceres.

Seis amaneceres.

Muchos cormoranes.

Algunos peces extrañísimos.

Una minúscula mariquita negra de puntos dorados.

Durante el día había que echar agua sobre toda la superficie de las balsas para que el sol no las recalentara. Así evitaban que explotaran por el aumento de la presión. Había que tomarse el trabajo de regarlas cada dos o tres horas.

Nosotros no, los tripulantes.

Gladys tampoco. Ella era la cocinera y estaba en sus mejores días. Porque los peores ya habían pasado.

Cuando era muy chica, Gladys fue entregada por su tía a una mujer que la esclavizó durante algún tiempo en un barrio de los alrededores de Trinidad.

Luego logró pasarse a trabajar con otra mujer que le pagaba poco pero no la esclavizaba y la dejaba salir los fines de semana.

A los dieciséis años, una prima, o amiga, o algo, la convenció para que la acompañara como ayudante de cocinera en un barco carguero. Ella al principio no quería porque alguna vez su madre le había dicho que la gente de los barcos es peligrosa, pero la prima la persuadió con insistencia, ella tenía una especie de novio ahí y no quería perderlo y tampoco quería viajar sin compañía.

El día que zarpaban ella llegó temprano y el capitán del barco la apuró para subir a bordo explicándole que partirían enseguida y que habían quedado en buscar a la prima en un puerto más adelante. Por supuesto que eso nunca ocurrió y cuando Gladys se dio cuenta del engaño ya estaban lejos y ahora ella era la única cocinera para los seis marineros.

En la primera noche el capitán levantó de su cama a la niña virgen de dieciséis años, la arrastró hasta su camarote, le avisó que no se molestara en gritar porque nadie la iba a ayudar y entonces la violó.

La secuestró, la violó y le pegó durante muchos años en los que tuvo tres hijos. El secuestro era en parte con candados y en parte con amenazas. En una ocasión ella pudo denunciarlo a la policía pero el capitán solo estuvo una noche preso. Probablemente salió pagando. Gladys quedó libre recién cuando el capitán se consiguió a otra. Ahora ella trabaja en este otro barco del Mamoré y es feliz. Se le nota en su buen humor, su risa fácil. Parece haber logrado dejar, de alguna forma, todo su pasado atrás. Se la ve realmente feliz.

Luego de despedirnos de todos, con Vane continuamos viaje por tierra.

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